martes, 5 de abril de 2011

La adolescencia del dolor



La adolescencia puede ser la etapa más feliz de nuestras vidas, si tenemos suerte, claro. Es el preludio a la zona de no marcha atrás, de no vuelta de hoja. Es el último resquicio de la infancia, de la inocencia, una etapa que ha de ser vivida con calma, saborearla, aprovecharla, pues una vez concluida no queda otra que seguir siendo un adulto durante el resto de nuestras vida.

Aunque también puede ser un periodo amargo, confuso, solitario. Y normalmente somos incapaces de superar estos sentimientos frustrantes que nos impiden disfrutar de estos años tan especiales. De esto habla Skins, una tele serie británica que acaba de finalizar su quinta temporada en su país y que indaga en lo más profundo de la mente adolescente desde un punto de vista visceral, triste y melancólico; pues las risas y los excesos con los que son presentados los personajes solo camuflan un profundo desarraigo.

No hay que dejarse engañar: Las situaciones, a menudo increíbles, en las que se ven envueltos los protagonistas solo son la excusa que les conduce a la explosión o implosión, depende del caso. Las exageraciones, las drogas, el sexo, los padres satanizados, los asesinatos imprevisibles; son la mera herramienta utilizada para embriagarlo todo de ese aroma apocalíptico que les pone en el límite más rotundo.

Transgresora, provocativa y dura. Muy dura. Sin precedentes en esto del género teen. Jóvenes perdidos, desamparados, víctimas de sí mismos y de sus progenitores, promiscuos, narcisistas, adictos al sexo, adictos a las drogas, felices y muy, muy infelices. Esto es Skins. Y esto es televisión de calidad.



Práxedes Millán Erenas

sábado, 2 de abril de 2011

¿Tienes planes para este verano?

Fuente: Andreyna Valera Giménez

Imagino que eres uno de esos jóvenes que siempre ha querido cruzar el sur del continente Americano con tu mochila y muchas ganas de conocer otros mundos, si este verano decides emprender ese viaje te voy a hacer dos recomendaciones que no vas a poder dejar pasar. En el primer post te voy a hablar de un destino histórico, y en el segundo de uno de los lugares más entrañables de la geografía venezolana.

Visitando la cuna de Bolívar
Uno de los personajes más importantes de Suramérica es Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco, mejor conocido por el mundo como Simón Bolívar, el libertador de América. Te recomiendo que visites su casa natal, donde vivió ininterrumpidamente desde el día de su nacimiento (24 de julio de 1783) hasta los 17 años, cuando decidió irse de Caracas y comenzar a conocer el mundo.

Su casa se encuentra en pleno centro de la capital venezolana, en la misma manzana donde está la catedral del país. Estas calles se siguen manteniendo con el empedrado original, por el mismo donde el “niño Don Simón” dio sus primeros pasos y por el que Bolívar regresó, de su primer viaje a Europa, casado junto a su mujer.

Es una casa típica colonial, con largos pasillos y un jardín central que la ilumina, donde todavía da la impresión de ver a Bolívar caminado. Todo sigue igual que cuando El Padre de la Patria vivía allí, en su habitación la cama está perfectamente vestida, esperando que Simón llegue a descansar después de una batalla. También podemos ver su traje militar, perfectamente planchado, esperando a su dueño para ser usado.

Esta visita, más allá de un paseo turístico, te da la oportunidad de conocer y comprender mejor a este personaje que cambió la historia de América.

Camino a la Cordillera Andina Venezolana

Fuente: Wikimedia Commons

La ciudad más importante de la zona andina venezolana es Mérida, capital del estado Mérida. Existen varias formas de llegar a esta ciudad, si viajas desde Caracas, una opción es por vía aérea, tomando un vuelo directo desde el aeropuerto Simón Bolívar en La Guaira (aeropuerto principal del país, conectado con la capital venezolana por medio de la autopista Caracas – La Guaira, un recorrido de unos 30 minutos aproximadamente). Otra opción, es en coche, y esta es la que te voy a relatar en esta crónica.

Es un viaje bastante largo, de unas 12 horas aproximadamente, en el que nos desplazaremos desde el centro del país hasta el oeste, y que nos mostrará un poco la diversa geografía nacional hasta llegar a nuestro destino, Mérida.

Al salir de Caracas tomaremos la autopista regional del centro, por la que recorreremos el Estado Miranda y Carabobo. Al llegar a Carabobo, tenemos dos opciones, una es tomar la autopista centro Occidental hasta Carora (en el Estado Lara) y allí se toma la autopista panamericana que nos deja en Mérida, esta vía es más rápida, pero menos rica en paisajes andinos. La vía que vamos a tomar es la de la Autopista de los Llanos que nos deja en el Estado Barinas, y en este punto tomamos la Carretera trasandina.

La hora de la comida nos va a coger en plena Autopista de los llanos, ya sea en el Estado Cojedes, Portuguesa o Barinas. Nos vamos a detener en el estado Portuguesa para comer el plato típico de esta zona, la carne en vara (carne a la parrilla cocinada en leña).

Después de este descanso retomamos nuestro camino, al llegar al estado Barinas tomamos La Carretera de los Andes.

Aquí ya comienza la verdadera aventura andina, con curvas pronunciadas y cuestas increíbles. Por esta vía pasaremos por varios pueblos andinos. Al llegar a los páramos venezolanos, caracterizados por la presencia del frailejón, una planta muy común en esta altitud, vale la pena hacer una parada en la famosa Laguna Negra o Laguna de Mucubají.

Esta noche nos quedaremos a dormir en un pequeño pueblo a 3.142 metros sobre el nivel del mar, San Rafael de Mucuchies. En este pueblo hay una pequeña posada regentada por una familia local, donde podrás degustar la gastronomía de la zona.

Mucuchies nos da una idea de cómo es la vida en el resto de los pueblos andinos que hemos visto durante nuestro recorrido. Con su pequeña plaza Bolívar (típica de todos los pueblos y ciudades Venezolanas) y la iglesia al frente. Callecitas empinadas y estrechas, llenas de casas con techos de tejas color naranja, envejecidas por los años, pequeñas bodegas (lugar donde se vende comida u otros productos de primera necesidad, muy típicas en poblados pequeños), en fin una imagen muy pintoresca, que vale la pena disfrutar.

Al otro día, por la mañana, después de disfrutar de una buena pizca andina continuamos nuestra ruta hasta Mérida. Ahora comenzamos a bajar un poco, porque Mérida se encuentra a 1.600 metros sobre el nivel del mar.

Al llegar a Mérida la primera impresión que tenemos es la de una pequeña ciudad, con un clima bastante agradable, y muchos jóvenes en sus calles. Lo de los jóvenes se debe a que esta ciudad alberga a una de las universidades más importantes del país, la Universidad de Los Andes, con varios campus ubicados en diferentes puntos de la ciudad. También se ven muchos mochileros y turistas en general.

Al caer la tarde no nos podemos perder la heladería Coromoto, que posee el record Guiness por ser la heladería con mayor variedad de sabores de helados en el mundo. Puedes encontrar desde helado de guacamole, hasta el de langosta. Mientras te comes tu helado te entretienes viendo las fotos de los personajes famosos que la han visitado.

Otro de los lugares que no te puedes perder en esta ciudad es su teleférico, el más alto del mundo, y el segundo más largo del mundo también. Este tiene varias estaciones, y su estación final es el Pico Bolívar, con su nieve perpetua, que se encuentra a 4.980 metros de altura.

Tienes que visitar dos parques que nos muestran cómo era la vida en Los Andes venezolanos a principios del siglo pasado. Uno de estos parques es “Los Aleros”, que nos recrea la Venezuela de los años 30. El otro es "La Venezuela de Antier”, que nos muestra la evolución de Venezuela desde los años 20 hasta los 50, pasando por todas las tradiciones que luchan por permanecer vivas en pleno siglo XXI.

En fin, Mérida es una ciudad llena de sorpresas, record guiness, mucho folklore y tradición, un clima perfecto, jardines y caídas de agua, y la amabilidad de los andinos que harán de tu estancia una experiencia única.

No solo los tornados son noticia en Kansas

Fuente: Wikimedia Commons

La mejor forma de lograr ser un buen periodista es leyendo, y aprendiendo del trabajo que otros han hecho. Todo estudiante de periodismo debe leer “A sangre fría” de Truman Capote, por esto, una vez más he decidido hablarles de un clásico, ya saben que “los clásicos nunca pasan de moda”.

Truman Capote: A sangre fría. Traducción de Fernado Rodríguez. Barcelona: Anagrama.

Truman Streckfus Person, mejor conocido como Truman Capote, nació en Nueva Orleáns en 1924. Fue un hombre polifacético, que escribió desde guiones para películas como Desayuno en Tiffany's, hasta entrevistas para la revista Playboy.

A sangre fría fue su obra maestra, en esta novela sigue paso a paso la vida de un pueblo de Kansas, Holcom, donde un misterioso asesinato convierte a la pequeña localidad en el centro de atención de la prensa nacional.

El día a día de este lugar era monótono, todo giraba en torno al campo, las cosechas y una que otra reunión en las que se veían las familias más influyentes de la zona. Lo que más le llamo la atención a Capote no fue el asesinato en sí, si no la gran influencia que tuvo en los habitantes del pueblo, todos se sentían inseguros, la tranquilidad del pequeño poblado sureño había sido perturbada.

Esta novela rompe con todos los géneros literarios conocidos hasta el momento, narrada en tercera persona omnisciente, Capote mezcla de manera magistral su investigación periodística con el lenguaje literario, así se crea “la novela real”, en la que sus personajes no se encuentran en un limbo esperando que algún escritor les de la vida, en este caso los personajes son o fueron reales, y los acontecimientos contados son tan reales como ellos.

Truman Capote para el año 1959, cuando ocurre el espantoso asesinato en Holcom, trabajaba para The New Yoker (uno de los periódicos con más tradición de la ciudad de Nueva York), y bajo el consentimiento del periódico decidió hacer un artículo sobre el desconcertante asesinato, así comienza la creación de una de las grandes obras de la literatura del siglo XX.

El periodista se traslado a la localidad a investigar sobre el caso, quería ganarse la confianza de los pobladores, de este modo obtuvo mucha información de las personas más cercanas a las víctimas del asesinato, y al ser capturados los asesinos fue a entrevistarlos a la cárcel. Toda esta información la obtuvo con la ayuda de la escritora Harper Lee. El libro tardo seis años en publicarse, debido a que se tenía que esperar la sentencia que se le iba a aplicar a los asesinos, la horca, esto hizo que Capote se viera envuelto en uno de los tantos periodos depresivos que afectaron su vida. Él quería publicar su obra lo más pronto posible, pero esto estaba directamente relacionado con la ejecución de las dos personas que más lo ayudaron a la creación de su libro, por esto el dijo en un momento “Escribir el libro no me resultó tan difícil como tener que vivir con él”, el no solo realizo una investigación periodística, se involucro en la investigación, la vivió, y luego la contó por medio de su obra.

En esta novela se muestra una vez más que existe una línea divisoria muy estrecha entre el periodismo y la literatura, y que en algunos casos, como en esta obra se entremezclan de tal manera que no puedes distinguir si es un trabajo periodístico o una obra literaria, lo que te lleva a terminar aceptando que algunas veces no es ni una cosa ni la otra, si no una extraordinaria mezcla que no está hecha para colocarla dentro de una categoría, si no para disfrutarla y admirarla.

La película sobre el proceso de creación de "A Sangre fría"



Anna Politkóvskaya, un llamado a tu consciencia

Fuente: Wikimedia Commons

“¿Estoy asustada?

Con frecuencia la gente me dice que soy pesimista, que no tengo fe en la fuerza del pueblo ruso, que me muestro obsesiva en mi oposición a Putin y que no veo más allá. Lo veo todo y ese es el problema. Veo tanto lo que está bien, como lo que está mal. Veo que a la gente le gustaría que cambiara para mejor, pero que es incapaz de poner los medios para que eso ocurra, y que para huir de esa verdad se concentra en lo positivo y hace como si lo negativo no existiera. […] Hasta la fecha no se aprecian signos de cambio. Las autoridades del Estado permanecen sordas a los avisos que les envía la gente. Siguen viviendo su vida, con los rostros contraídos por la avaricia y por la irritación que les causa que alguien intente evitar que sigan enriqueciéndose aun más. Para anular tal posibilidad, su prioridad consiste en paralizar a la sociedad civil”. Fragmento de su libro, Diario ruso.

Cinco años de su muerte

Para quienes no la conocen Anna Politkóvskaya, fue una gran periodista rusa opositora al régimen de Putin. Siempre denunciaba sin ningún temor todas aquellas cosas que consideraba irregularidades consentidas por el propio régimen.

Meses antes de su muerte recibió varias veces amenazas, llegó a escribir que el propio gobierno ruso quería acabar con ella. Hace ya casi cinco años desde su asesinato en el ascensor del edificio donde vivía, casualmente, el día del cumpleaños de Putin.

No podemos permitir que se pierdan en la historia esta clase de periodistas, que arriesgan su vida día a día para denunciar las injusticias. No hay que olvidar que todo lo que hicieron fue en pro de la verdad, y es nuestro deber como futuros periodistas recordar todas aquellas cosas que denunciaron y siguen sin cambiar.

Tenemos que terminar de comprender que este mundo es de todos y que no podemos hacer oídos sordos a los lamentos del vecino, que da igual si está en frente de tu casa o en Corea del Norte, el hecho es que todos compartimos este planeta, y que poco a poco tenemos que aprender a ser conscientes, para poder conseguir una sociedad más justa y equilibrada.

El placer de sentir el arte

Fuente: Andreyna Valera Giménez

Que sensación más estupenda e indescriptible sientes al ir caminando por un museo y encontrar de sorpresa, sin previo aviso, una de tus obras de arte favoritas, ¿Cómo explicar con palabras ese momento?, he intentado una y otra vez explicarlo, pero he tenido que aceptar que eso solo lo entiende quien lo ha sentido, y quien lo ha vivido no necesita muchas palabras para comprender lo que sientes. ¿Por qué es tan difícil entender que una obra de artes es capaz de arrancarte lagrimas de emoción y admiración?.


Al parecer a la sociedad actual solo le emociona algún drama Hollywoodense. Me sorprende, y en parte me entristece ver como la gran mayoría de las personas que visitan los museos de arte están más pendiente de hacerse una foto frente a La habitación de Arles, que admirar la grandiosidad de la obra, tratar de entrar en ella y comprender lo que el artista quería expresar con cada pincelada.

El mundo en el que vivimos, la mayoría de las veces, solo se mueve por modas, más de uno quiere visitar el Museo del Louvre solo por conocer uno de los escenarios de la película "El código Da Vinci". Últimamente parece que de algún modo se ha puesto de moda decir que se ha ido a un museo, ahora son parte de las guías turísticas, pero ¿Cuántos de los que visitan los museos se detienen más de un minuto frente a una la obra?.

Para sentir el arte no tienes que ser un experto en el tema, el arte tiene la maravillosa cualidad de ser percibida por medio de los sentidos, y eso es todo lo que necesitamos para escuchar la desesperación de Beethoven en su 9na sinfonía, desconcertarnos con las estilizadas y alargadas figuras de una escultura de Giacometti, perdernos en los paisajes de un cuadro de Pissarro, o transportarnos a los paraísos artificiales de Baudelaire.

El arte no es moda, el arte es sentimiento. El arte no es más valioso por el precio que le den en unas subasta, lo que lo hace valioso es la capacidad que tiene para impresionarnos y transportarnos a otros mundos, algunas veces, mucho mejores que el que nos rodea.

Recomendaciones cinematográficas: Revolutionary Road

"Tú eres la cosa más maravillosa y hermosa del mundo, Frank: Un hombre".
April Wheeler.

Tal vez Revolutionary Road se pasaba de descorazonadora. Tal vez por ese motivo pasó de puntillas por la taquilla; fue ignorada en los irremediablemente imprescindibles premios Oscar. American Beauty fue, en su día, una propuesta rompedora, triste, que exploraba el vacío existencial sin tapujos ni miramientos. Pero de su acabado final se desprendía una sensación optimista: hay cosas bellas en el mundo. Aunque no sepamos verlas. Las hay. La última cinta de Sam Mendes es mucho más destructiva: no hay esperanza, no hay tregua, no existe compasión hacia el desconsolado espectador.

Hay dos formas de convivir con tu genio: o le tratas de tú a tú y te sirves de él para hacer algo constructivo con tu vida; o te dejas devorar por él. April Wheeler sabía que era especial. Que su vida estaba destinada al logro, a la satisfacción. Que había algo más allá, más que planchar ropa y servir desayunos. Pero conoció a un chico, escuchó de su boca cuatro chorradas y terminó como otra más de todas esas mujeres que cocinan y planchan.

Es duro comprobar que incluso la gente que te rodea es capaz de percibir ese "algo más" en tu interior, que tras mudarte al número 12 de la "Vía Revolucionaria" todo se acartona y se vuelve gris, que ni la maternidad ha cumplido las expectativas creadas. Luego ves por la tele que hay científicos inventando curas para las enfermedades más variopintas, deportistas que se prueban a sí mismos cada día, todo mientras la vida pasa a través de las ventanas de tu casita suburbiana y perfecta. Porque esos jardines de pretencioso verde brillante, esas inmaculadas fachadas de estudiada combinación de color pueden matar el alma a cualquiera. Porque no es April Wheeler la única víctima de vacío existencial en el barrio.

Y es que todos sabemos cómo concluye el viaje. Acallas tu espíritu y aprendes a vivir con lo que tienes. A ver el vaso medio lleno. A llorar en un rincón cuando no puedes más y pretender que nunca ha pasado. Pero April recuerda sus sueños de juventud, recuerda París y las promesas incumplidas y decide luchar contra el hueco que devora poco a poco sus entrañas. Pero el autoengaño jamás debe ser empuñado como arma de guerra, y por supuesto, fracasa. Poco a poco el vacío se convierte en la nada más absoluta (ni si quiera es capaz de contestar cuando su marido le pregunta si realmente quiere a sus hijos), y siente que no puede permitir que este sentimiento salpique a un futuro bebé. Nada tiene sentido. Y cuando las palabras de un desequilibrado mental sirven para arrojar algo de luz al camino que intentas seguir, la cosa ya no tiene vuelta de hoja.

April sabe que hay una verdad, pero desconoce su naturaleza y jamás podrá alcanzarla. Llegados a este punto, esa es la única certeza que posee. Ante esto, reúne sus fuerzas y toma una drástica decisión.

El resto es historia.

Práxedes Millán Erenas